Equipaje de mano y retrasos: así cambia la normativa europea para las aerolíneas
La Unión Europea ha desbloqueado una de las reformas más esperadas por el sector aéreo y los viajeros tras más de una década de negociaciones. Los ministros de Transportes de los Estados miembros han alcanzado un acuerdo político para actualizar la normativa comunitaria sobre los derechos de los pasajeros, preservando finalmente las compensaciones por retrasos a partir de las tres horas e introduciendo nuevos criterios sobre el equipaje de mano.
La reforma, que aún deberá completar su tramitación legislativa antes de entrar en vigor, pone fin a años de debate entre gobiernos, aerolíneas y asociaciones de consumidores sobre cuestiones clave como las indemnizaciones por incidencias operativas, las reclamaciones o los servicios incluidos en el precio del billete.
Uno de los aspectos más sensibles para los viajeros de negocios ha sido precisamente el de las compensaciones por retrasos. Durante las negociaciones se planteó elevar el umbral mínimo para recibir una indemnización económica, una medida que habría reducido significativamente el número de pasajeros con derecho a reclamar. Sin embargo, el acuerdo mantiene el sistema actual, por lo que los viajeros seguirán pudiendo solicitar compensaciones cuando su vuelo llegue a destino con tres o más horas de retraso.
Las cuantías económicas tampoco experimentan cambios y continuarán situándose entre 250 y 600 euros, en función de la distancia del trayecto. Para el segmento corporativo, especialmente dependiente de la puntualidad y de las conexiones aéreas, la decisión supone evitar una reducción de derechos que podría haber afectado de forma directa a la movilidad profesional.
La cuestión del equipaje de mano ha sido otro de los puntos más controvertidos de la negociación. La nueva normativa reconoce el derecho de los pasajeros a transportar gratuitamente un objeto personal que pueda colocarse bajo el asiento delantero, como un bolso, mochila o funda para ordenador portátil. No obstante, no establece de forma expresa la gratuidad de las maletas de cabina tipo trolley, una reivindicación defendida por varios países y organizaciones de consumidores.
El texto acordado obliga a las aerolíneas a comercializar por defecto una tarifa que incluya el equipaje de mano, aunque abre la puerta a ofrecer precios reducidos a aquellos pasajeros que decidan viajar sin él. Esta fórmula ha generado discrepancias entre los Estados miembros y explica el voto contrario de países como España, que considera que la medida no ofrece suficiente protección frente a los recargos aplicados por algunas compañías.
Más allá del equipaje y las compensaciones, la reforma incorpora nuevas garantías para los pasajeros. Entre ellas, la prohibición de cobrar suplementos para que menores o personas dependientes puedan viajar junto a sus acompañantes, así como la simplificación de los procedimientos de reclamación y el establecimiento de plazos más claros para la gestión de incidencias.
Asimismo, las compañías aéreas deberán flexibilizar las correcciones de errores menores en los billetes y ofrecer una mayor transparencia sobre las condiciones de transporte y los derechos de los viajeros.