La gobernanza gana peso en el turismo: crecer ya no es suficiente

La gobernanza gana peso en el turismo: crecer ya no es suficiente

El éxito de un destino empieza a medirse más allá del número de visitantes. La OCDE constata un cambio en las políticas turísticas hacia modelos que incorporan la sostenibilidad, la resiliencia y el impacto sobre las comunidades, al tiempo que reclaman una mayor coordinación entre administraciones, destinos y empresas. Una evolución que sitúa la gobernanza en un lugar cada vez más relevante dentro de la agenda ESG del sector.



El turismo mantiene su fortaleza como motor económico, pero la forma de gestionar su crecimiento está cambiando. El último informe OECD Tourism Trends and Policies 2026 apunta a una evolución desde estrategias centradas principalmente en incrementar el volumen de visitantes hacia modelos que buscan equilibrar resultados económicos, sociales y ambientales.

La transformación responde, entre otros factores, a la concentración de visitantes en determinados destinos, la presión sobre infraestructuras y comunidades locales, los riesgos derivados de fenómenos meteorológicos extremos y un contexto económico y geopolítico más incierto.

La OCDE considera que el éxito turístico está cada vez más relacionado con la capacidad de generar valor económico sostenido, reforzar la resiliencia, reducir impactos ambientales y producir resultados positivos para las comunidades locales.

Más coordinación en la toma de decisiones

Este cambio concede un papel relevante a la gobernanza turística. La gestión de un destino afecta a ámbitos tan diferentes como movilidad, vivienda, infraestructuras, empleo, medio ambiente o desarrollo económico, por lo que las decisiones difícilmente pueden abordarse desde una única administración o actor.

La OCDE señala que los agentes regionales y locales están adquiriendo mayor protagonismo y reclama modelos capaces de mejorar la coordinación entre los distintos niveles de gobierno, además de una mayor participación de las comunidades y del sector privado.

El objetivo es que las políticas nacionales establezcan un marco común, pero que los destinos dispongan también de capacidad para adaptar las decisiones a sus circunstancias, necesidades y límites.

La tendencia coincide con las prioridades marcadas por la Unión Europea. El Consejo de la UE ha señalado este año la necesidad de corregir las carencias existentes en la gobernanza multinivel del turismo, reforzar la participación de las comunidades y abordar de manera más equilibrada tanto la concentración turística en determinados lugares como las oportunidades de desarrollo de destinos menos visitados.

Del volumen al valor

Uno de los cambios más significativos está en la propia definición del éxito. Indicadores tradicionales como llegadas, pernoctaciones o gasto turístico continúan siendo esenciales, pero dejan de ser suficientes para explicar el rendimiento de un destino.

La nueva aproximación incorpora cuestiones como la distribución de los beneficios, la presión sobre las infraestructuras, la convivencia con los residentes, la capacidad de respuesta ante crisis o la dispersión de los flujos turísticos entre territorios y temporadas.

Los datos adquieren así un papel central en la gobernanza. La OCDE observa que los países están reforzando sus sistemas de información para disponer de indicadores más detallados que permitan tomar decisiones y evaluar sus resultados.

Esta evolución tiene también implicaciones para el turismo de reuniones y eventos. La captación de congresos y grandes encuentros puede analizarse no solo por el número de asistentes o su impacto económico inmediato, sino también por su contribución al destino, la distribución territorial y temporal de la actividad, la movilidad que generan o su relación con la comunidad local.

España refuerza los mecanismos de seguimiento

España aparece entre los países que están incorporando esta visión a su planificación turística. La OCDE destaca que la estrategia española incluye mecanismos específicos de gobernanza, seguimiento y evaluación, además de cuestiones relacionadas con la percepción de los residentes, la sostenibilidad social y la utilización de datos públicos y privados para mejorar la gestión de los destinos.

El planteamiento refleja una transformación más amplia: gestionar el turismo implica cada vez más medir sus efectos y rendir cuentas sobre ellos.

La gobernanza se convierte así en una pieza relevante de la agenda ESG del sector. Ya no se trata únicamente de reducir emisiones o introducir criterios ambientales, sino también de determinar cómo se toman las decisiones, quién participa en ellas, qué indicadores se utilizan y cómo se reparten los beneficios y las presiones derivados de la actividad turística.