Las 10+1 caras del viajero de negocios tecnológico / 9.- TODOS PARA UNO
La aplicación de los principios de la sharing economy al ámbito de los desplazamientos corporativos abre nuevas posibilidades de optimización de recursos en la gestión del viaje end-to-end.
El consumo de colaborativo es el último concepto de moda en el mundo de los viajes, un modelo de negocio basado en la experiencia de compartir o intercambiar servicios a través de plataformas digitales para abaratar costes, y que no está exento de polémica. En principio, tiene su campo abonado entre el usuario particular, dado que implica un cambio cultural en los hábitos de consumo que es más difícil de inculcar en el ámbito corporativo, pero no le faltan puntos de conexión, presentes o futuros, con las aspiraciones o necesidades de las empresas y de los viajeros frecuentes.
Por el momento, su manifestación más factible para los desplazamientos por negocios es el carsharing, una versión flexible y dinámica del tradicional alquiler de vehículo, que permite usarlo por horas y con más puntos de recogida y entrega. De hecho, algunas compañías de rent-a-car han creado divisiones para ofrecer este servicio, que se puede activar a distancia sin necesidad de acudir a ninguna oficina. Otra posibilidad es el carpooling, que implica compartir el mismo vehículo, para lo cual es necesaria una herramienta que ponga en contacto a los potenciales usuarios. Normalmente suele emplearse entre personas de la misma compañía.
Más desarrolladas se encuentran las aplicaciones de gestión de taxi, un capítulo de gasto poco controlado por las empresas y, por tanto, susceptible de ser abaratado. La posibilidad de realizar carreras compartidas se establece desde puntos recurrentes, como estaciones o aeropuertos. Mediante funciones de geolocalización se pueden encontrar usuarios cercanos para trayectos en parte coincidentes o realizar previsiones de uso común en el margen de una determinada franja horaria. Los clientes no están obligados a realizar exactamente el mismo itinerario y solo pagan la parte proporcional del tramo recorrido. Otros proveedores ofrecen una gestión coordinada mediante convenios con agrupaciones de taxistas, con un servicio integral basado en una tarifa plana por carrera o en liquidaciones mensuales.
Las redes peer-to-peer (P2P) de servicios entre particulares también están trascendiendo sus ámbitos iniciales de actuación. Para el alojamiento existen plataformas muy consolidadas con una ingente oferta de apartamentos y casas privadas de alquiler que han crecido como soporte del turismo vacacional, pero que empiezan a ser utilizadas por las empresas para estancias medias o largas de sus empleados. Es el caso de Airbnb, que ya tiene producto dirigido a empresas. Estos servicios han suscitado las protestas del gremio hotelero, ya que se trata de un modelo de negocio sin una regulación clara. Lo mismo ha ocurrido en el sector del taxi, muy beligerante con aplicaciones que ponen en contacto a conductores particulares con posibles clientes. El ejemplo más polémico es el de Uber, que también tiene la vista puesta en el usuario corporativo. En ambos casos, el control y la justificación administrativa de los servicios, así como la conciliación del pago representan claras desventajas para las empresas. De hecho, organizaciones como la asociación de agencias de viajes británicas ABTA considera esta actividad como economía sumergida.
De acuerdo con el panel de expertos, un campo aún por explorar en profundidad en el business travel son las redes sociales corporativas, que poco a poco se abren paso al calor de la inmensa popularidad de las redes personales. Estas herramientas pueden convertirse en potentes canales de comunicación para compartir experiencias e información sobre viajes, consultar valoraciones, acceder a consejos útiles, etc. Además, sirven de ayuda a los viajeros a la hora de consultar dudas, resolver incidencias o contactar con otros compañeros desplazados. A los gestores les sirve como barómetro de los servicios contratados y para sondear futuras modificaciones en la política de viajes.
Un informe de AirPlus señala que el 59% de los travel managers asegura que las redes sociales les ayudan a comprender mejor lo que es importante para los viajeros de negocios y anticiparse a sus necesidades. Por otro lado, el 42% comenta que les facilitan la elección de sus proveedores gracias a los contenidos generados por otros usuarios. Además, el 72% de los usuarios de redes sociales accede a ellas mientras viaja.