Las 10+1 caras del viajero de negocios tecnológico / 6.- MANO DE SASTRE
La gestión analítica de grandes cantidades de datos obtenidos de las más diversas fuentes adapta la oferta de productos y servicios a las necesidades del viajero de forma automatizada.
Los expertos coinciden en señalar que las posibilidades que abre el Big Data son casi imposibles de predecir. La captura, procesamiento y análisis de grandes cantidades de datos aplicada a la industria de los viajes sirve en bandeja la creación de nuevos productos y servicios, cada vez más personalizados, y que se basan en parte en el feed back obtenido del propio cliente.
La multicanalidad permite obtener información personal sobre gustos y costumbres del usuario gracias a su interacción online, tanto en Internet como en las redes sociales. El consumidor empieza a asumir el sacrificio de parte de su privacidad en aras de una atención a medida. Gracias a la popularización de sistemas de archivos en código abierto como Hadoop, adoptado incluso por gigantes como Google, Yahoo, Twitter, eBay o Facebook, los costes del análisis y procesamiento de datos masivos se han abaratado y los proveedores de viajes están aprovechando la ocasión.
Los clásicos procesos de búsqueda basados en fecha, origen y destino se enriquecen con nuevos filtros, como el presupuesto máximo, el tiempo de permanencia, las actividades susceptibles de realizar o incluso la climatología. La tecnología se vuelve predictiva y muestra al usuario opciones ajustadas a sus intereses. El marketing, las ofertas y las promociones se adaptan también como un guante a las expectativas de compra del consumidor. La personalización puede estar basada también en información previa del pasajero sobre su consumo habitual de ancillaries (extras), el uso del programa de fidelidad, su situación geográfica o, incluso, incidentes circunstanciales, como la pérdida de un vuelo.
Para la experiencia durante el viaje, la innovación de los servicios a medida está viniendo de la mano de los beacons, un paso más allá de la tecnología basada en la geolocalización, como el GPS, los códigos QR o el NFC. Estos pequeños dispositivos que emiten señales de Bluetooth a los teléfonos móviles o tabletas en un radio máximo de 50 m permiten soluciones de proximidad a través de operaciones programadas realmente útiles: desde registrar el emplazamiento del coche en el aparcamiento del aeropuerto para poder retirarlo con más facilidad, hasta localizar maletas, pasando por la descarga de información práctica relacionada con el entorno del hotel de alojamiento, los pagos desde el móvil sin tener que pasar por caja o la búsqueda de alternativas de transporte público más cercanas.
Los beacons tienen la ventaja de consumir mucha menos batería que el GPS y son independientes de la red de datos, por lo que pueden ser utilizados en el extranjero para obtener información de eventos o lugares de interés sin temor al coste del roaming. Además, funcionan en el interior de los edificios con gran precisión.