Las 10+1 caras del viajero de negocios tecnológico / 10.- OCIO Y NEGOCIO
Las aplicaciones permiten al viajero de negocios aprovechar el tiempo libre en actividades lúdicas, de forma individual o con otros viajeros en sus mismas circunstancias, así como mantener una fluida comunicación con casa
Una encuesta realizada por Google en 2013 entre 1.500 viajeros de negocios norteamericanos arroja resultados más que significativos sobre la creciente imbricación entre los viajes de trabajo y los de placer. El dato: el 57% de los business travelers planea actividades de ocio en sus desplazamientos profesionales, incluso alargando la duración de los mismos. La proliferación de aplicaciones basadas en geolocalización con propuestas de proximidad en restaurantes, museos, salas de espectáculos, tiendas o locales de copas facilita de manera decisiva el aprovechamiento del tiempo libre. Es significativo el éxito de aplicaciones como Foursquare, una red social de referencia en el rastreo geográfico de otros usuarios y sus actividades en esa localización, con más de 20 millones de cuentas en todo el mundo. Este tipo de servicios van a jugar un gran papel en el futuro.
Ante la realidad de que una buena parte de los viajes de negocio se realiza en solitario, la corriente tecnológica se dirige hacia la conformación del viajero social, con soluciones que le permiten entrar en contacto con otros usuarios con los que poder compartir viaje o actividades en destino. Por ejemplo, la aerolínea KLM inició en 2012 un programa a través de su página en Facebook que permitía un registro online para intercambiar perfiles entre pasajeros con reserva en el mismo avión. Como apunta el estudio El Viajero Social en 2013, Un análisis global, publicado por NH Hotels Group, “en lugar de dedicar los vuelos a leer balances de resultados, el viajero social de negocios puede aprovechar ese tiempo para hacer valiosísimos contactos e intercambiar opiniones”.
Si el viajero prefiere circunscribir su interrelación a los amigos, conocidos o compañeros tiene a su disposición numerosas apps que recogen toda la información del viaje cargada por el usuario y la difunden con las personas de su elección para descubrir momentos o lugares en los que pueden coincidir. Otras redes respetan la privacidad, pero proporcionan valiosa información de sus miembros con recomendaciones, comentarios, fotografías y vídeos que no se encuentran en las guías turísticas clásicas y que pueden enriquecer de forma insospechada la experiencia personal en el destino. En este sentido, sorprende el estudio de Google, que señala que al 48% de los viajeros de negocios le gusta grabar en vídeo parte de su itinerario para compartirlo con otros, frente al 40% de los viajeros vacacionales.
Los principios de la sharing economy, ya comentados en otro capítulo, también contribuyen a crear una dimensión más social del viaje, con relaciones nuevas que surgen de la necesidad de compartir recursos, como puede ser un taxi o la mesa del tren. Incluso, las plataformas P2P facilitan el contacto con guías locales no profesionales que pueden proporcionar una visión más auténtica del destino o ayudar en gestiones profesionales.
La hiperconectividad actual también proporciona al viajero frecuente la oportunidad de mantener una comunicación muy estrecha con los suyos en cualquier momento y en cualquier lugar, a pesar de encontrarse lejos, gracias a la mejora de las infraestructuras de conectividad inalámbrica, la extensión de la banda ancha en el tráfico de datos y a la versatilidad de los teléfonos móviles, con los que se pueden realizar hasta video-llamadas de calidad a un coste bajísimo. Estos mismos dispositivos, especialmente las tabletas, son estaciones ambulantes de entretenimiento (música, libros, películas, juegos…) que hacen más agradables las inevitables esperas.