La soberanía del dato redefine la gestión de los viajes corporativos
La creciente presión regulatoria y el contexto geopolítico están situando la soberanía de los datos en el centro de la estrategia empresarial. En el ámbito del Business Travel, esta tendencia adquiere una dimensión crítica: las compañías comienzan a cuestionar hasta qué punto deben delegar la gestión de su información en terceros —como agencias de viajes o proveedores tecnológicos— y apuestan por reforzar el control directo sobre sus datos.
En los últimos meses, el cumplimiento normativo ha dejado de ser un requisito formal para convertirse en un eje estratégico de las organizaciones. Así lo explica Matías Cascallares, OEM Technologist de Confluent, quien subraya que “la localización y el control de la información son ya factores decisivos en la elección de proveedores y el diseño de sistemas”.
Este cambio de paradigma está obligando a las empresas a redefinir qué consideran riesgo en materia de datos y cómo garantizan su resiliencia operativa ante marcos como la Ley de Resiliencia Operativa Digital (DORA). Una transformación que impacta de lleno en sectores altamente dependientes de terceros, como el de los viajes corporativos.
En este contexto, la soberanía del dato ya no se limita a la información crítica. También abarca elementos como correos electrónicos, registros de actividad, datos de uso o metadatos. El objetivo es claro: asegurar un control integral de la información, independientemente de su naturaleza.
Más allá de la ubicación
La soberanía de los datos ha dejado de ser una cuestión exclusivamente geográfica. Hoy, el foco está en quién accede a la información, desde dónde y bajo qué condiciones. Incluso el acceso remoto desde otra jurisdicción puede plantear riesgos regulatorios, aunque los datos no se desplacen físicamente.
Esta realidad tiene implicaciones directas en el business travel. Muchas empresas han delegado tradicionalmente la gestión de datos —reservas, perfiles de viajeros, históricos de consumo o políticas internas— en agencias de viajes o plataformas externas. Sin embargo, el nuevo entorno normativo está impulsando un cambio: recuperar visibilidad y control sobre esa información se convierte en una prioridad.
No se trata solo de eficiencia operativa, sino de seguridad jurídica y cumplimiento. La falta de claridad regulatoria está llevando a las compañías a extremar la cautela en la selección de proveedores y a exigir garantías más concretas sobre residencia de datos, accesos transfronterizos y trazabilidad.
De proveedor a socio
El impacto es evidente en los procesos de contratación. Las empresas ya no se conforman con declaraciones genéricas: exigen pruebas concretas sobre cómo se gestionan los datos en la práctica. Según Cascallares, este interés ha pasado “de ser un aspecto secundario a convertirse en el foco central de cualquier evaluación de proveedores”.
En el caso de los viajes corporativos, esto se traduce en un cuestionamiento del modelo tradicional. Delegar completamente la gestión en una agencia puede simplificar procesos, pero también implica ceder control sobre activos estratégicos como los datos de movilidad, gasto o comportamiento del viajero.
Por ello, muchas organizaciones están evolucionando hacia modelos híbridos, en los que mantienen la operativa externalizada pero refuerzan la gobernanza interna del dato.
La creciente exigencia regulatoria —especialmente en sectores como el financiero— está consolidando el cumplimiento como una función estructural. Normativas como DORA obligan a reforzar el control sobre los riesgos tecnológicos, especialmente cuando intervienen terceros.
En este escenario, incluso cuando se utilizan plataformas gestionadas, la responsabilidad última sigue recayendo en la empresa. Aspectos como el control de accesos, la trazabilidad o la capacidad de auditoría no pueden delegarse completamente.
Esto genera nuevas tensiones internas: mientras los equipos tecnológicos apuestan por modelos globales y escalables, las áreas legales y de cumplimiento demandan mayor control. El resultado es un nuevo equilibrio en el que los proveedores actúan como intermediarios, pero bajo una supervisión mucho más estricta.
Gobernanza y control
El verdadero diferencial ya no está en las políticas, sino en la capacidad de demostrar cómo se gestionan los datos en la práctica. La gobernanza del dato se convierte así en una herramienta operativa clave, especialmente en entornos complejos como el de los viajes corporativos, donde intervienen múltiples actores.
Para las empresas, esto implica asumir un papel más activo: saber qué datos manejan, dónde se almacenan y quién puede acceder a ellos deja de ser una buena práctica para convertirse en una condición imprescindible.
Aunque pueda percibirse como una carga, este nuevo escenario responde a la evolución natural del entorno digital. Y todo apunta a que las exigencias seguirán creciendo, con nuevos desafíos como la criptografía post-cuántica en el horizonte.