Los riesgos climáticos entran de lleno en las políticas ESG de las empresas
Las catástrofes naturales ya no son únicamente una amenaza medioambiental. Su creciente frecuencia e impacto están obligando a las empresas a incorporar la gestión de los riesgos climáticos dentro de sus estrategias ESG y de protección de las personas. Así lo refleja un estudio de International SOS, que alerta de que el cambio climático se ha convertido en un riesgo estratégico para las organizaciones.
Según el informe, el número de desastres naturales ha pasado de unos 100 episodios anuales entre 1970 y 2000 a cerca de 500 al año entre 2001 y 2021. Además, las previsiones apuntan a que podrían alcanzarse los 560 eventos anuales antes de 2030 si continúa la tendencia actual.
Tormentas, inundaciones, incendios forestales y olas de calor extremas están provocando un fuerte impacto tanto económico como humano. Solo en el primer semestre de 2025, las catástrofes naturales generaron pérdidas globales de 131.000 millones de dólares, según datos de Swiss Re.
Las inundaciones registradas en Valencia en octubre de 2024, que obligaron a paralizar una planta automovilística y dejaron a 6.000 trabajadores en ERTE, son uno de los ejemplos de cómo estos fenómenos afectan directamente a la actividad empresarial.
El estudio pone también el foco en el calor extremo como uno de los grandes desafíos para las compañías. Más de 2.400 millones de trabajadores están expuestos cada año a temperaturas excesivas, con consecuencias directas sobre la salud, la productividad y la seguridad laboral.
Más allá del impacto físico, las empresas comienzan también a prestar atención a las consecuencias psicológicas derivadas de estos episodios. Ansiedad, estrés postraumático o depresión afectan a una parte significativa de las personas que viven fenómenos climáticos extremos, un factor que repercute a largo plazo en la capacidad operativa de las organizaciones.
Ante este escenario, las políticas ESG evolucionan hacia modelos más centrados en la resiliencia, el bienestar y la protección integral de los empleados. Los expertos recomiendan integrar variables climáticas en los mapas de riesgo corporativos, adaptar horarios, reforzar los protocolos de seguridad y desarrollar planes específicos para viajeros de negocios y profesionales expuestos en determinadas zonas geográficas.
“El riesgo climático se ha convertido en un riesgo estratégico por derecho propio”, señala Christophe Suptil, director de Estrategia de International SOS Francia, quien defiende que las compañías deben prepararse para anticipar y gestionar fenómenos cada vez más frecuentes y severos.