Las mujeres utilizan herramientas de inteligencia artificial hasta un 25% menos que los hombres

Las mujeres utilizan herramientas de inteligencia artificial hasta un 25% menos que los hombres

La rápida expansión de la inteligencia artificial en el entorno profesional está abriendo nuevas oportunidades… pero también nuevas brechas. Un análisis global de 18 estudios revela que las mujeres están adoptando herramientas de IA generativa en tasas aproximadamente un 25% inferiores a las de los hombres, incluso cuando disponen del mismo acceso. Una diferencia que, lejos de ser técnica, responde en gran medida a factores culturales y de percepción.



Según los datos, muchas profesionales muestran reticencias a utilizar estas herramientas por miedo a cómo pueda interpretarse su uso en el entorno laboral: desde parecer menos rigurosas hasta la sensación de estar “tomando atajos”. “Existe una presión por evitar errores y demostrar constantemente preparación”, explica Radhika Kapur, vicepresidenta de Partners y Tecnología para EMEA en Confluent, quien subraya que adoptar tecnologías aún en evolución puede percibirse como un riesgo mayor para determinados perfiles.

El impacto de esta menor adopción no es menor. La IA ya está demostrando mejoras tangibles en productividad, especialmente en tareas administrativas, análisis de información o generación de contenidos. Un uso más limitado implica, a medio plazo, menos eficiencia operativa, menor visibilidad interna y menos oportunidades de asumir funciones estratégicas, lo que puede amplificar desigualdades ya existentes dentro de las organizaciones.

Además, la brecha no solo afecta al talento, sino también a la propia tecnología. Los sistemas de IA aprenden de las interacciones de los usuarios, por lo que una menor participación femenina puede derivar en modelos que reproduzcan sesgos o perspectivas parciales, un fenómeno ya detectado en otros sistemas algorítmicos.

Paradójicamente, el potencial de la IA para equilibrar cargas es significativo. Herramientas capaces de resumir reuniones, redactar informes o estructurar información compleja pueden aliviar tareas organizativas que, según diversos estudios, recaen de forma desproporcionada en las mujeres. Reducir esa carga permitiría dedicar más tiempo a funciones de mayor valor, como la toma de decisiones o el liderazgo.

En este contexto, el papel de la cultura corporativa resulta determinante. La brecha se reduce de forma notable en organizaciones donde se fomenta la experimentación y se normaliza el uso imperfecto de la IA. No basta con ofrecer formación: es necesario generar entornos donde probar estas herramientas no suponga un riesgo reputacional.

Desde una perspectiva ESG, la cuestión trasciende lo tecnológico. La adopción desigual de la IA puede convertirse en un nuevo factor de desigualdad si no se gestiona adecuadamente, afectando tanto a la diversidad en la toma de decisiones como al desarrollo del talento. Integrar la IA de forma inclusiva se perfila, así, como un reto clave dentro de las políticas de sostenibilidad corporativa.

Aún hay margen de maniobra. Experimentos recientes muestran cómo los propios sistemas de IA tienden a reproducir estereotipos de género en perfiles profesionales, lo que refuerza la necesidad de intervenir ahora. Como concluye Kapur, “estamos en un momento clave para orientar la IA hacia la inclusión, en lugar de perpetuar la exclusión”.

La cuestión no es si la inteligencia artificial transformará el trabajo, sino cómo y para quién lo hará. Y esa respuesta dependerá, en gran medida, de las decisiones que tomen hoy las organizaciones.