Sr Corrales: «No gana el evento que más ofrece, sino el que mejor gestiona la atención»

Sr Corrales: «No gana el evento que más ofrece, sino el que mejor gestiona la atención»

Sr. Corrales lleva casi tres décadas ligado al segmento MICE, participando en eventos corporativos como humorista, maestro de ceremonias y presentador, además de trabajar como guionista, consultor creativo y formador en comunicación y habilidades directivas. Con un perfil que combina escena y metodología, defiende formatos más participativos y emocionales, donde el asistente deje de ser espectador. En 2024 fue reconocido con el Micrófono de Oro al mejor speaker.



¿Cómo están evolucionando los formatos de eventos de empresa frente a los modelos tradicionales y qué nuevas fórmulas están demostrando mayor eficacia?

En mis casi tres décadas en eventos corporativos he visto un modelo muy repetido: jornadas largas, ponencias encadenadas y un público que se limita a escuchar. Hoy eso ha cambiado. En el segmento MICE se busca conectar y generar impacto real, y las empresas ya no quieren solo reunir a personas, sino provocar experiencias, emociones y cambios.

El gran cambio está en el enfoque: hemos pasado de eventos en los que el asistente era espectador a encuentros donde es protagonista. Antes eran formatos rígidos, con contenidos unidireccionales y poco recuerdo posterior. Ahora se apuesta por mensajes claros, concisos y recordables, y por experiencias vividas en las que el asistente participa. Ya no se trata de llenar una sala, sino de dejar huella, porque cuando te ríes, recuerdas.

Las fórmulas que más eficacia están demostrando son las dinámicas donde la gente participa, se emociona, juega, se sorprende y conversa de verdad. Contenidos diferentes, con más impacto y con humor, porque lo serio no tiene por qué ser aburrido. Cuando se diseñan bien, generan networking útil y una conexión más real.

Uno de los objetivos de los eventos corporativos es el networking profesional. En tu experiencia, ¿se está consiguiendo conectar a las personas o solo se conocen?

En muchos eventos corporativos las personas se conocen, pero no siempre conectan. Y no es lo mismo. Conocerse es intercambiar tarjetas, añadir contactos en LinkedIn o decir “tenemos que tomar un café”. Conectar es conversar de verdad, escucharse, recordarse días después y sentir que existe algo en común más allá del cargo. La mayoría de eventos facilitan ese primer nivel, pero se quedan cortos en el segundo. Por eso creo que el networking no debería dejarse al azar: debe diseñarse, igual que se diseña el contenido o la producción.

¿Qué lecciones has aprendido a lo largo de tu experiencia en la dirección y conducción de eventos corporativos?

Después de muchos años dirigiendo y conduciendo eventos corporativos tengo algo claro: un evento no va de lo que se dice, va de lo que se provoca. Los asistentes olvidan los títulos de las ponencias y los horarios, pero no olvidan cómo se sintieron. Por eso hoy conduzco eventos pensando menos en el guion perfecto y más en la experiencia completa.

También he aprendido que la improvisación solo funciona cuando hay una preparación muy sólida detrás. Los eventos nunca salen exactamente como se planifican, así que hay que estar listo para adaptarse sin perder el control.

Otra lección importante es que el humor no resta profesionalidad, la multiplica. Durante años parecía que no tenía lugar en entornos corporativos, pero la realidad demuestra lo contrario: es una herramienta estratégica que conecta, desbloquea y transmite.

Además, el conductor del evento no debe ser el protagonista. Mi papel no es brillar, sino hacer brillar al evento y a las personas, acompañar a los ponentes, cuidar los tiempos y sostener la energía sin robar el foco.

¿Qué es lo que más te ha sorprendido en un evento corporativo reciente y por qué marcó una diferencia?
No me sorprendió la tecnología ni el presupuesto, sino el silencio. Un silencio bien provocado. En mitad de una agenda intensa y de mucho estímulo, el evento se permitió parar unos instantes, sin música, sin pantallas y sin palabras. Y ahí pasó algo poco habitual: la sala escuchó de verdad. Ese momento rompió el ritmo automático al que estamos acostumbrados. Cuando todo va rápido, parar se convierte en un acto disruptivo.

Desde tu perspectiva como conductor, humorista y asistente, ¿crees que la gente se aburre y desconecta en general en los eventos corporativos?

Sí, existe un riesgo real de desconexión y lo veo con frecuencia. El público es un reflejo de lo que sucede arriba. La gente se desconecta cuando falta personalización, falta emoción, hay exceso de solemnidad, el contenido es unidireccional, no hay sorpresas y aparece lo que yo llamo “la muerte por PowerPoint”. Una de las mejores fórmulas para mantener a los asistentes enganchados es trabajar el humor como vehículo, no como fin.

Para quienes empiezan en el mundo de los eventos, ¿qué tres errores recomendarías evitar y qué tres buenas prácticas consideras imprescindibles?

Sigo aprendiendo, pero hay cosas que tengo claras. No hay que salir frío al escenario, no hay que ignorar la energía de la sala y no se debe leer jamás desde la pantalla, porque eso desconecta de inmediato. Y al contrario, siempre hay que preparar muy bien la participación, personalizar hasta el último detalle y ensayar. También hay que cuidar y respetar al equipo técnico y al staff, porque son clave para que todo funcione. Y, por último, sonreír: la sonrisa abre puertas, relaja y conecta.