La biometría se va imponiendo en los aeropuertos: el sector pide que el pasajero pueda elegir

La biometría se va imponiendo en los aeropuertos: el sector pide que el pasajero pueda elegir

La biometría gana terreno en los aeropuertos como fórmula para agilizar el paso por los diferentes controles. Aeropuertos, aerolíneas y compañías tecnológicas reclaman ahora a la Unión Europea un marco común que facilite su desarrollo sin comprometer la privacidad. La industria defiende que su utilización sea voluntaria, segura y limitada al viaje. Y, sobre todo, que el pasajero pueda seguir optando por alternativas no biométricas.



 

La extensión de la biometría en los aeropuertos europeos abre un nuevo debate sobre cómo compatibilizar la agilidad del viaje con la protección de datos y la libertad de elección del pasajero.

ACI EUROPE, Amadeus, la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), IDEMIA Public Security y SITA han creado la Responsible Biometrics Travel Industry Coalition, una alianza que busca influir en el futuro marco regulatorio de la Unión Europea para este tipo de tecnologías.

La iniciativa reclama que el uso de datos biométricos para facilitar el recorrido por el aeropuerto sea voluntario y seguro, y que el viajero disponga siempre de una alternativa cuando no quiera utilizarlos.

La coalición plantea sus reivindicaciones en el contexto del Digital Omnibus de la Unión Europea, con el que Bruselas aborda la simplificación de diferentes normas digitales relacionadas, entre otros ámbitos, con los datos, la privacidad y la ciberseguridad.

Rapidez frente a privacidad

La biometría permite sustituir determinadas comprobaciones de documentos por sistemas de identificación automatizados. Su utilización puede facilitar procesos como el acceso a controles de seguridad o el embarque y contribuir a reducir esperas y agilizar el flujo de pasajeros.

Su aceptación entre los viajeros también está creciendo. Según la Global Passenger Survey 2025 de IATA, el 50% de los pasajeros había utilizado ya algún sistema biométrico durante su paso por un aeropuerto, frente al 46% del año anterior.

Además, el 74% se mostraba dispuesto a compartir información biométrica si con ello podía evitar mostrar repetidamente el pasaporte o la tarjeta de embarque en procesos como facturación, seguridad, control fronterizo o embarque.

La privacidad, sin embargo, continúa siendo una de las principales preocupaciones. Entre los viajeros que no estaban dispuestos a compartir sus datos biométricos, el 42% afirmaba que reconsideraría su posición si tuviera garantías sobre la protección de esa información.

El pasajero debe mantener el control

La industria defiende que la implantación de estas tecnologías debe ir acompañada de garantías claras. Entre ellas figura la posibilidad de que el pasajero decida si quiere compartir sus datos biométricos y pueda solicitar su eliminación, además de disponer de procedimientos alternativos.

Este planteamiento coincide en algunos aspectos con las advertencias realizadas por el Comité Europeo de Protección de Datos. El organismo europeo considera que los datos biométricos son especialmente sensibles y que su tratamiento puede generar riesgos relacionados con errores de identificación, sesgos, discriminación, fraude de identidad o suplantación.

En un dictamen sobre reconocimiento facial en aeropuertos, el Comité defendió que los viajeros deben conservar el máximo control posible sobre sus datos biométricos y señaló la conveniencia de recurrir a soluciones menos intrusivas cuando permitan alcanzar el mismo objetivo.

La cuestión no afecta únicamente al consentimiento. También entran en juego aspectos como dónde se almacena la información, durante cuánto tiempo se conserva y quién puede acceder a ella.

Una experiencia aeroportuaria cada vez más digital

Para el viajero de negocios, acostumbrado a realizar desplazamientos frecuentes y a pasar repetidamente por controles aeroportuarios, la reducción de tiempos puede tener un impacto especialmente significativo.

La digitalización del viaje avanza precisamente hacia una experiencia con menos documentos físicos y más procesos automatizados, desde la facturación hasta el embarque. El reto consiste en conseguir que esa mayor comodidad no implique renunciar al control sobre información especialmente sensible.

La coalición apuesta por una regulación tecnológicamente neutral que permita continuar desarrollando soluciones biométricas bajo determinadas garantías y con participación voluntaria del pasajero.

Conviene diferenciar, no obstante, estos servicios de los controles fronterizos establecidos legalmente, donde el tratamiento de determinados datos biométricos puede responder a obligaciones diferentes. El debate planteado por la industria se centra fundamentalmente en las soluciones que aeropuertos, aerolíneas y proveedores tecnológicos utilizan para agilizar el recorrido del pasajero.

El futuro de la biometría aeroportuaria dependerá así no solo de su capacidad para reducir colas y simplificar procesos, sino también de la confianza que genere entre los viajeros. Rapidez, privacidad y capacidad de elección se perfilan como las tres variables que deberán convivir en una experiencia aeroportuaria cada vez más digital.